Por qué fracasan tantas materas compradas en viveros de carretera
Casi todos los que vivimos en apartamentos en ciudades altas cometemos el mismo pecado: salimos un domingo a pasear por carretera hacia clima más templado (vía Fusagasugá, La Vega, o el oriente antioqueño), nos enamoramos de una albahaca frondosa de 8.000 pesos o de un anturio florecido, y nos lo traemos en el baúl del carro a 2.600 metros de altura.
A los diez días, la albahaca agacha las hojas, las raíces se enfrían con la tierra negra apelmazada y la planta muere. No es que no tengas "buena mano" para la jardinería; es que compraste un organismo adaptado a 24 grados con humedad ambiental del 80% y lo encerraste en un balcón ventoso con noches de 8 grados y corrientes de aire seco.
Los tres factores que mandan en los balcones de las ciudades colombianas
A diferencia de lo que dicen las traducciones literales de manuales europeos o norteamericanos, en las ciudades andinas y valles de Colombia la luz solar directa al mediodía es implacable debido a la posición ecuatorial, mientras que el viento en pisos altos reseca el follaje el triple de rápido que en una casa con patio interior.
- El viento de piso alto: Por encima del cuarto piso, las corrientes deshidratan las hojas tiernas de menta, hierbabuena y lechugas antes de que alcancen a tomar agua del fondo de la matera.
- La radiación ecuatorial: Los rayos UV a más de 2.000 metros queman hojas delgadas si no tienen suficiente agua en el tejido celular.
- El mito de la "tierra negra pura": La tierra negra que venden en bultos en las plazas de mercado suele ser demasiado arcillosa; al regarla en matera sin cascarilla de arroz, se convierte en un ladrillo impermeable que asfixia las raíces.